La segregación de activos se refiere a la práctica de mantener los activos de los clientes separados de los activos de una corredora o institución financiera. Esto suele implementarse para reforzar la protección del inversionista, en particular en caso de insolvencia o dificultades financieras que enfrente la firma. Al segregar los activos de los clientes, la corredora garantiza que estos activos no estén disponibles para los acreedores de la firma, con lo cual resguarda las inversiones de los clientes. En muchos mercados, los marcos regulatorios exigen la segregación de activos para promover la confianza y la transparencia dentro del sistema financiero. Es un aspecto esencial de la gestión de riesgos y ayuda a mitigar posibles conflictos de interés.
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